Jactancia intolerable

 

 

 

Soy un león vegetariano,

y aún así,  dime,  si mirándome a los ojos.

Te doy miedo…

 

 

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Muerte anunciada

 
 
 
 
A veces,  solo a veces,  se me adelanta la palabra impropia y furibunda.
Esa que no mata con las manos como el verdugo que vive en casa.
Esa que no permite el dominio del perdón,  la undécima vez que dice basta.
Esa,  que arrasada en lágrimas espera pacientemente que un día en vez de
golpes sean caricias y que tarde o temprano cambien los mediodias.
Pero esperar se torna huraño y de tanto en tanto el miedo se  apacigua y
los verbos salen a puñados.
Y la suerte llega silenciosa…
Esta noche ya no habrá más llantos,  ni más gritos ni mas avisos.
Será una Eva más en una estadística malvada.
 
 
 
En el léxico de mi vida no hay traducción correcta para el amor con golpes,
la conclusión de tan somera y sencilla me desconcierta.
 
“En el corazón de algunos hombres no hay mas que miedo,  y de miedo
se disfraza la locura para alzar la mano”
 
 
 
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Grito mudo

 

 

 

Yo no quiero ser presa del cierre de tus ojos y la cerradura de tu corazón.
Pero preparo el duelo de tu huida, para que quizás la seda de mi agonía
premonitoria embadurne tus pies de cemento y te impida la pisada.

 

Si llega ese momento escribiré:

 

Hoy es día ninguno del mes de lamento.
Hace mil quinientas pulsaciones que morí
pero aquí sigo,  sosteniéndole la cabeza
al diablo perdedor.
Exhalando hálito de desesperanza
de lluvia calina que abrase
esta línea desdibujada que es hoy
mi memoria.
 
 

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Boqueando a veces

                                                                 

 

Si no vengo con el apremio escondido esta a orilla. No es porque el motivo se pinte de gris brumoso.
Sino que el sedimento se hace metal precioso, y se saborea la copa hasta la médula de los hallazgos.
No me tengas por pasiva en mis entregas, porque al hartazgo no llegaré jamás desgranando la nota que me tiñe las manos.
Te imploro la parcela que me corresponde como dos,  que no es ni mas ni menos que la mitad de la tuya.
 

 Y en el verde absoluto de mi interior,  cabalgan trazos rojos  junto a mi boca.

 
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Contienda desigual

 
 
 
Este periodo de entreguerras, en que la calma es solo relativa,
donde las lanzas son palabras y hay quien las utiliza como daga
de filo mortal en este periplo de manchas oscuras.
Y me sigue doliendo el costado en esa latitud cercana al corazón,
porque hay momentos en los que me consigue rematar la faena
con el golpe verde de la ira y la mezquindad.
Que terrible ignorancia se guarda bajo el felpudo de la memoria,
donde las macabras huellas del olvido nos perfilan un futuro
poseído por la mueca vagabunda.
 
Deseo el olvido mas que nada. 
Deseo el silencio.
  
Como me cuesta caminar en línea recta sabiendo que estoy ebria
de tragos amargos y de golpes con efecto.
 
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En la trastienda nadie escucha

 
 
Vengo a presentar quejas contra la vida.
A solicitar audiencias completas para beatificar los segundos que me aprietan
como grilletes, que hacen del ahogo una muerte inacabable.
Si.  a esto vengo….
A presentar mis contiendas especificadas con tajos en las palmas de las manos,
en los saltos de mis entrañas,  en el dolor de mis oídos por frases de queroseno.
 
Y en la trastienda nadie escucha…
 
Deben de vanagloriarse los maniquíes,  porque en el silencio de los escaparates
tienen todo el tiempo del mundo para pensar en los giros de la existencia.
Y sin embargo parodian sin cábalas  la humanidad con la estática y el mudo
abandono del que somos tan asiduos los mortales.
 
Y al parecer no hay nadie que tenga el coraje gatuno de vivir en mi garganta.
 
 
 
 
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Seres imperfectos

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Que hacer contra el miedo,  si este nos ataca con dientes de goma,
  y con cucharillas de plata rasca el borde al corazón.
  Nadie nos enseña.  Porque venimos con el lastre de la duda, 
  la maleta cargada de pasos atrás y mirillas repletas de vistazos.
  Necesitamos aprender la ruta idónea,  quizás contando estrellas,
  con voz confiada que nos indique donde se encuentra la alcancía
  repleta de verdades, donde se perfila la carretera sin curvas,  y la
  línea sin estrechez,  en la que no monte guardia la agonía del yerro.
  Sin la guía del cariño,  la confianza ciega,  los pasos adelantados,
  el romper silencios.
  Todo eso no perdurará y seguiremos ladeando la cabeza hacia el lado
  equivocado.
 
  Si para salvar las distancias hay que dar tres pasos….. 
 Los míos no son de barro.
 
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