Boqueando a veces

                                                                 

 

Si no vengo con el apremio escondido esta a orilla. No es porque el motivo se pinte de gris brumoso.
Sino que el sedimento se hace metal precioso, y se saborea la copa hasta la médula de los hallazgos.
No me tengas por pasiva en mis entregas, porque al hartazgo no llegaré jamás desgranando la nota que me tiñe las manos.
Te imploro la parcela que me corresponde como dos,  que no es ni mas ni menos que la mitad de la tuya.
 

 Y en el verde absoluto de mi interior,  cabalgan trazos rojos  junto a mi boca.

 
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Contienda desigual

 
 
 
Este periodo de entreguerras, en que la calma es solo relativa,
donde las lanzas son palabras y hay quien las utiliza como daga
de filo mortal en este periplo de manchas oscuras.
Y me sigue doliendo el costado en esa latitud cercana al corazón,
porque hay momentos en los que me consigue rematar la faena
con el golpe verde de la ira y la mezquindad.
Que terrible ignorancia se guarda bajo el felpudo de la memoria,
donde las macabras huellas del olvido nos perfilan un futuro
poseído por la mueca vagabunda.
 
Deseo el olvido mas que nada. 
Deseo el silencio.
  
Como me cuesta caminar en línea recta sabiendo que estoy ebria
de tragos amargos y de golpes con efecto.
 
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En la trastienda nadie escucha

 
 
Vengo a presentar quejas contra la vida.
A solicitar audiencias completas para beatificar los segundos que me aprietan
como grilletes, que hacen del ahogo una muerte inacabable.
Si.  a esto vengo….
A presentar mis contiendas especificadas con tajos en las palmas de las manos,
en los saltos de mis entrañas,  en el dolor de mis oídos por frases de queroseno.
 
Y en la trastienda nadie escucha…
 
Deben de vanagloriarse los maniquíes,  porque en el silencio de los escaparates
tienen todo el tiempo del mundo para pensar en los giros de la existencia.
Y sin embargo parodian sin cábalas  la humanidad con la estática y el mudo
abandono del que somos tan asiduos los mortales.
 
Y al parecer no hay nadie que tenga el coraje gatuno de vivir en mi garganta.
 
 
 
 
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Seres imperfectos

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Que hacer contra el miedo,  si este nos ataca con dientes de goma,
  y con cucharillas de plata rasca el borde al corazón.
  Nadie nos enseña.  Porque venimos con el lastre de la duda, 
  la maleta cargada de pasos atrás y mirillas repletas de vistazos.
  Necesitamos aprender la ruta idónea,  quizás contando estrellas,
  con voz confiada que nos indique donde se encuentra la alcancía
  repleta de verdades, donde se perfila la carretera sin curvas,  y la
  línea sin estrechez,  en la que no monte guardia la agonía del yerro.
  Sin la guía del cariño,  la confianza ciega,  los pasos adelantados,
  el romper silencios.
  Todo eso no perdurará y seguiremos ladeando la cabeza hacia el lado
  equivocado.
 
  Si para salvar las distancias hay que dar tres pasos….. 
 Los míos no son de barro.
 
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Espásmos y vértigos.

 
 
El demonio se metió  hoy bajo mi cama,  comió pelusas,  miedos y gemidos.
Y mientras tanto yo,  vestida de Alicia me miraba en el espejo del cuarto de
invitados,  esperando un conejo para tomar el té.
Volví corriendo y pude ver como se escabullía en el armario a la espera del
próximo capítulo.
 
Y yo esperaré pacientemente.  tarde o temprano tendrá que salir a comer…
 
(En los armario viven las oscuridades mas adversas,  esas…  que de vez en
cuando se meten en las maletas)
 
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Sin sustento.

 

 

 

 

Te perdí hace tres días, 
y ni con un caminito de piedras
he sabido  encontrarte.
En la diástole regresaste solo.

 

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Si amordazo

 
Si amordazo al aire,
quizás no me deje palabras en el regazo como flores,  o como armas cargadas.
Y es porque no puedo darle cuchilladas verbales, esdrujularlo o mecerlo en mis
rodillas, apenas se vislumbra y se empeña en evitarme la mirada.
Sigo el  avance de la estación con voz callada. Porque en el filo de la palabra
susurrada caigo, sin atinar.
Y es que recorro con los dedos las letras, como ciega de tanto mirar, y en la
exactitud de la expresión,  yerro. Colocando volutas donde debieron ser capiteles.
 
Quizás debiera amordazar las palabras.
Porque hay días en los que  se suicidan cortándose el cuello con páginas en blanco.
 
 
 
 
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Redescubriendo.

 

 
 
Marzo llegó abrasando, 
quemando vivos a los transeúntes
con perfume de lluvia indisciplinada.
 
Esta noche tocan ilusiones en el sopor de los cócteles
y el viento dormita en las terrazas de los bares.
Empapadas mañanas. Noches inconclusas.
No recordaba la pausada mella, 
de Marzo en mis andares.
 
En el aire se subastan palabras,
se vociferan penachos de sabiduría
El sabio amanecer arrastra frases interminables
con costra salina.
Bla, bla, blás sin sentido.
Ahora me doy cuenta del valor en el acento ternura
que golpea la sílaba corazón.
 
 
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De sólido a gaseoso.

 
Ya no somos uno que busca bocas, ya no somos uno que andaba
en  presente imperfecto, cojeando de melancolía entre la
impudicia de otros sentimientos.
Ahora somos uno mas uno, y el resultado no es matemático.
Es un logaritmo de almas resueltas.
 
Porque ya no somos peces de colores dentro de un mirador de gatos.
Porque la madrugada ya no cansa en búsquedas del desastre.
Ya no hay ni suspiros erráticos,  ni fantasías animadas. 
Ahora somos una sola pisada,  y un solo cerrar de puertas.
Sin murmullos….  sin ecos….
 
ahora somos una mirada entre dos luces,  un ciclo lunar perfecto.
La mecha de una voladura y un sinfín de instantes salvajes.
Porque ahora somos un silencio legítimo,  y un solo crepitar.
Ahora somos lo que somos.
 
Y antes éramos huérfanos,  y fagocitábamos ilusiones.
 
Y aún así, soy libre de balancearme desde la altura de mis tacones.
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En la sombra

 

Si luce o no luce el sol….

Yo me encuentro bajo esta sombrilla malhumorada,  en este letargo invernal,

en esta pérdida de tejados.

Aún no estaban maduras mis pertenencias cuando con la llegada de un nuevo

calendario,  la helada tirantez de los miedos acunó de noche mis ojos.

Vivo a dos sonrisas y tres lágrimas,  vivo en el más absoluto de los silencios,

vivo entre puertas numeradas,  vivo y aunque no vivo, respiro.

Me revelo ante la vida y la muerte,  me declino al lado impreciso, porque no quiero….

Porque no permito que me timen con letras pequeñas.

 

Me siento a la luz de las farolas y contemplo mi sombra que quiere morderme.

 

 

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