Visión imperfecta

 
 

  

 
"¿Hay que ser sultán para comprender
que, en los 4 confines y en los 7 climas
del mundo, todos los hombres
se parecen?.
 
 
                  
 
 
 
                                ¿Acaso la prueba concluyente de  que los hombres de todas partes
 son idénticos
no consiste en que cada uno
puede ocupar el lugar del otro? "

 

 

 

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7 respuestas a Visión imperfecta

  1. Ra dijo:

    Quizás si sea esa la prueba del 9, la más sencilla y palmaria de las evidencias de que el mundo te puede cobijar aquí y allá, sin pedirte referencias de quién eres o de qué color respiran tus sueños.

  2. Only dijo:

    Jajajaaja. Pues es verdad…el último en llegar siempre es el único. Jajajaa.

  3. Unknown dijo:

    Es algo tan evidente que no entiendo porque sigue siendo invisible.

  4. Juan dijo:

    QUe maravilla
     
    ¡ Salud !

  5. Yubran Eduardo dijo:

    en los cuatro confines del mundo eh.. pues tengo fe y creo ser extinto, si  lo fuera si. mas la transparencia es fatal,en este caso. Soledad. Ansias de libertad. crees conocer el genero. a como el mundo mi yo enfermo.            en fin todos somos coherentes de nuestros propios cielos. aunque volemos lejos. todos son iguales y sin serlo. me extirparia la humanidad por un moment en silencio. prefiero, ser ave en un mundo sin fusiles, que me revienten mi libertad en un viento de estrellas.

  6. Unknown dijo:

    Qué cierto es… todos somos sustituibles… eso es triste no? 🙂 Saludos!

  7. Andrés dijo:

    Si el viajero que se sentaba junto a la ventana no hubiera estado tan cansado del viaje y hubiera prestado un poco más de atención a los enormes copos que descendían del cielo como plumas, quizá hubiera podido sentir la fuerte tormenta de nieve que se acercaba y quizá, comprendiendo desde el principio que había iniciado un viaje que cambiaría toda su vida, habría podido volver atrás. Pero volver atrás era algo que ni se le pasaba por la cabeza en ese momento.
    Con la mirada clavada en el cielo, que se veía más luminoso que la tierra según caía la noche, no consideraba los copos cada vez más grandes que esparcía el viento como signos de un desastre que se aproximaba sino como señales de que por fin habían regresado la felicidad y la pureza de los días de su infancia.
    El viajero sentado junto a la ventana había vuelto a Estambul, la ciudad donde había vivido sus años de niñez y felicidad, una semana antes por primera vez después de doce años de ausencia a causa del fallecimiento de su madre; se había quedado allí cuatro días y había partido en aquel inesperado viaje a Kars. Sentía que la extraordinaria belleza de la nieve que caía le provocaba más alegría incluso que la visión de Estambul años después. Era poeta, y en un poema escrito años atrás y muy poco conocido por los lectores turcos había dicho que a lo largo de nuestra vida sólo nieva una vez en nuestros sueños.
    Mientras la nieve caía pausadamente y en silencio, como nieva en los sueños, el viajero sentado junto a la ventana se purificó con los sentimientos de inocencia y sencillez que llevaba años buscando con pasión y creyó optimistamente que podría sentirse en casa en este mundo.
    Orhan Pamuk, Nieve

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