La buhardilla.

 
   Aquí guardo mis tesoros,  aquellos que quedaron tristes y olvidados en un rincón,  aquellos que se tornaron dolorosos a mis pupilas,  y con un gesto vago y cansado pude traer hasta aquí.  Aquellos que ofrecí como regalo  y me los retornaron con una nota de agradecimiento.  Aquellos que compré y nunca encontré el lugar adecuado.
Aquellos que él me regaló,  y no supe apreciar en su momento.
 
Pero en vísperas de un nuevo año,  tomaré prestada una costumbre.
 
Abriré mis ventanas,   lanzaré mis cosas al fuego purificador y airearé la casa. 
 
 
 
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Una respuesta a La buhardilla.

  1. R dijo:

    CUENTO DE NAVIDAD.-En Hambalath, mítica ciudad de un país invisible, languidecía una hermosa mujer.Cada día al atardecer, se asomaba a la ventana de su habitación y dejaba perder su mirada entre los vericuetos del recuerdo de días pasados, de roces olvidados… No hacía otra cosa. la muchacha sólo abría su ventana, siendo incapaz de abrirse a si misma a los sabores que el mundo aún le tenía reservados.Desoía a los que la querían cuando le aconsejaban que hicera nuevas amistades y que se entregara de nuevo, siquiera como terapía, al amor. Ella, parca en palabras, se limitaba a esperar la nada frente a su ventana, a apagarse sollozo a sollozo.Pero incluso sin hacer, ocurrió lo que no esperaba, me atrevería a decir, que ocurrió lo que incluso no deseara que ocurriera… Así de veleidoso es el destino con los puros de corazón. Desde hacía un tiempo, sin saberlo, un joven la miraba cada tarde desde la distancia amparado por las sombras que un grupo de sauces le proporcionaban. Furtivo. El joven era pescador y cuando terminaba su jornada, de regreso a casa, un día se sintió extrañamente atraído hacia lo alto del torreón donde quedaba la ventana de la hermosa y lánguida mujer. Desde aquel día, la admiraba, soñaba con ella y en silencio, componía versos que susurraba para si mismo anhelando que la suave brisa otoñal los llevara hacia los oídos de su ya amada mujer.Y así fue. Cierta tarde el susurro tomó notas de canto y sin quererlo, a la joven mujer le llegó la estrofilla que el pescador le compuso con todo su amor;Miro que miro la marmiro, que miro y que miro,miro el agua y veo ojosojos de niña de mar.Súbitamente atraída por cierta sensación de plenitud, la joven tuvo el impulso de mirar hacia el conjunto de sauces y entre la penumbra brumosa, percibió la claridad de los ojos del joven marinero.FIN.

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